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17 de agosto de 2010 para La Línea Digital, 

por Ana Villalta 

El “fortín” está enladrillado…

De toda la vida, los niños de La Línea hemos conocido las posibilidades de juegos, historias, y… olores,  que daban los fortines que recorren la ciudad.

Hoy, algo que durante la primera mitad del siglo XX se construyó como fortificaciones de la zona del Estrecho de Gibraltar durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, llegando a alcanzar la cifra de 498, se ha decidido que sea una más de las posibles rutas turísticas como algo “insólito” que merece la pena ser visitado, conocido y estudiado porque forma parte de una época histórica, de una etapa difícil y de la que según los entendidos “nunca hay que olvidarse porque puede evitar que se repita”.

Pero, se restauraron diez de estas piezas para que sirvieran de alternativa en las rutas turísticas que ofrece la ciudad y entre tanto hablar de cómo deben quedar las cosas después de su razonable puesta a punto, nos encontramos con que nadie le ha dicho a los responsables de algunas mejoras y restauraciones que no se deben hacer las cosas así.

Me explico.

Tenemos que conservar las piezas únicas del Mercado, correcto, porque son patrimonio histórico.

Tenemos que respetar las notas especiales del edificio consistorial, porque son patrimonio histórico, correcto.

Tenemos que mantener la idiosincrasia de nuestra plaza de toros porque es diferente, correcto.

Tenemos que salvaguardar el suelo de la ciudad que forma parte del patrimonio linense, correcto.

Tenemos que salvaguardar la particularidad del parque princesa Sofía y tantas y tantas “especialidades” que tenemos en La Línea de la Concepción, correcto.

 

Pero, ha sido una pena o mejor hilando con el párrafo anterior, algo incorrecto, que perdamos otras “particularidades” de las que nadie hizo caso: las anclas de poniente, el huerto Pedro Vejer, el cine parque, la singularidad del matadero en poniente, el muelle, La Cuadra, el Balneario de Vitoria,  la casa de Cruz Herrera, las garitas de Ballesteros, el interior de la Parroquia y la pizarra de su atrio,  los adoquines de sus particulares paseos… y de todo esto no hace tanto.

Para muestra un botón.

Hace poco hemos visto como se ocupaban de la mejora de las viviendas del paseo de levante. Se han mejorado cubiertas, se han revestido fachadas, se ha pintado e incluso mejorado ventanas, puertas… tanto es así que se ha decidió “dar una manita” al fortín, que ahora es búnker y quizás la nueva terminología y el ansia de lustrar la zona llevo a “enladrillar” al fortín que mira a levante y que se ha quedado fuera del catálogo de fortines del 41, simplemente porque nadie lo miró cuando se realizaba tan minucioso trabajo de cubrir, como si de un “igloo” del sur en el siglo XXI se tratara.

Una pena, porque tan complicado como repetir el refrán “… está enladrillado, quien lo desenladrillará…” es volver a recuperar lo que alguien perdió, no guardó o dejó de mirar.

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