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rocio ponce

El arte de titular

En el oficio del periodista, también ocurre en el del escritor o poeta, hay una labor muy delicada. Una decisión que puede resultar clave para el éxito o fracaso del trabajo. El arte de titular. Una frase o una palabra que atrapan al futuro consumidor. La primera impresión de un reportaje o de una novela, como en el resto de cosas de la vida, van a marcar la relación que se establecerá entre las partes.

A veces el titular llega como un rayo. Antes de comenzar a escribir, a mitad del proceso o al final. Como si no hubiera otra opción posible. Era él y ha llegado para completarlo. Otras, quizá las más, se esconde tras el tema. El título se hace el duro, como el calor del final de esta primavera, y se resiste a salir de forma natural. Comienza el suplicio. Y si además tienes que cubrir un determinado hueco o espacio –más propio del periodista- la creatividad se limita y coharta y la historia se complica.

¿Qué hubiera pasado si Las flores del mal de Baudelaire se hubiera titulado Las lesbianas, como el poeta pretendía? Un amigo consiguió convencerle y, de paso, salvar  este libro de 1857 que primero pudo llamarse Los Limbos pero que terminó con el genial título con el que todos lo conocemos y con el que se inaugura la poesía moderna. Otro título que nunca pasó a la historia fue Trimalción en West Egg porque el editor tuvo la paciencia y la suerte de convencer a Scott Fitzgerald (con la ayuda de su mujer Zelda) para que lo cambiase, ¿el resultado? El Gran Gatsby.

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A lo largo de la historia muchos autores han utilizado a la poesía para titular sus novelas. De versos de Shakespearse, Keats o incluso Santa Teresa salen El ruido y la furia de Faulkner, Suave es la noche de Fitzgerald y Plegarias atendidas de Capote.

Pérez Reverte asegura que un buen título vende una novela. No hablamos entonces de ninguna tontería. Si el futuro económico depende de una serie de palabras bien elegidas, la elección se convierte en vital. A Pérez Reverte unas veces se le ocurren los títulos antes de escribir y otras, hasta una frase adecuada a tiempo acaba desencadenando en una novela. Hasta hay autores, como Muñoz Molina, que atesoran en su bloc de notas una serie de títulos esperando a que les llegue su momento, el instante en el que desvelan la historia que esconden.

Uno de los libros más vendidos del 2017 tenía como título una sola palabra, Patria de Fernando Aramburu, o un nombre, la Eva de Pérez Reverte. En lo que llevamos de 2018 destaca Las hijas del capitán de María Dueñas, descriptivo, sin gran intención, a diferencia de La Química del odio, sugerente, intrigante, de Carme Chaparro.

Es tan difícil titular un libro o un reportaje como poner nombre a un hijo. Da la sensación de que marcará, de hecho lo hace, por siempre su personalidad y estilo. Las modas y tendencias influyen y amoldan gran parte de las elecciones. Apuestas clásicas, arriesgadas, estridentes, conservadoras… Dice del padre o la madre el nombre elegido del mismo modo que dice del periodista o escritor. ¿Existe un secreto? ¿Una técnica infalible para que un buen titular te consiga ese lector deseado? No hay recetas para el éxito en las artes, como no las hay en la vida.

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