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José David Muñoz Oliva - El Articulista (2)

La Línea de la Concepción a 27 de Noviembre de 2017

Este fin de semana, el mundo parece haberse vuelto loco lanzándose a la calle. Parecía que solo sería un día, pero los motores publicitarios se han encargado de convertir todo el mes de noviembre, en una cuenta atrás de ansiedad comercial, que sin tener bastante con el “Viernes Negro”, aparentemente culmina hoy, con el “Ciberlunes”. Jornadas con un asombroso ímpetu y anhelo en el fundido de tarjetas de crédito, donde gastamos incluso lo que no tenemos.

El “Viernes negro”, ha amortiguado el golpe de las malas noticias, las historias catalanas, ha enmudecido la voz de los más de doscientos muertos en una mezquita de Egipto, incluso el Día Contra la Violencia de Género, parece haber tenido menor eco.

Y es que cuando nos referimos a la Navidad como una fiesta consumista, estamos errando en la afirmación, ya que el consumismo no está en la naturaleza de lo que se conmemora, sino en el “borreguismo” del ser humano.

Nos movemos por impulsos visuales, sonoros, estéticos…regidos por la “filosofía de Vicente” si, si…aquel que es arrastrado donde va la gente.

Ante los miles de reclamos publicitarios que nos bombardean, nos condenamos a la inutilidad del análisis, incapaces de sopesar los deseos y las necesidades.

En apenas cinco años, el “Viernes Negro”, no solo ha conseguido adelantar la iluminación navideña de muchas ciudades, sino que también han encendido las luces de los cajeros automáticos, centros comerciales, y portales de venta “on line”.

 

¡Pero ojo con tanta luz! No sea que tantos resplandores, provoquen en nuestras retinas una parcial ceguera que nos impida ver la realidad que existe, la realidad que nos rodea.

Me parece paradójico, que dicho día de las ventas, venga enmarcado por dos jornadas, dedicadas a quienes viven en la miseria.

El domingo 19 de noviembre, se celebró la I Jornada Mundial de los Pobres y ayer domingo 26, la Jornada Mundial de los Sin Techo.

Dos fechas para las cuales, no ardieron las tarjetas, no se abrieron las carteras, no hubo colas de espera, bueno si, la de los comedores sociales.

La pasada semana, mientras esperábamos la mejor oferta, dieciocho personas dormían en la calle por no encontrar alojamiento en ningún albergue de Algeciras. Escuchábamos la denuncia del Hogar de la Concepción en La Línea, porque los menores acogidos duplicaban las plazas establecidas. Una anciana sin hogar de ochenta y cuatro años, recibía una brutal paliza de manos de unos seres sin dignidad cuando dormía en una calle de Madrid.

Históricamente, el adjetivo “negro”, ha sido utilizado para definir algún acontecimiento dramático, catástrofe o calamidad, es por lo que creo, que es más que ajustado que se use para lo que acontece en esa semana, en la cual, los rótulos y luminosos olvidan a quienes nadie quiere ni siquiera regalados.

Aquellos que más que un día negro, tiñen de ese mismo color toda su vida, sus esperanzas y futuro.

Al abrir las carteras, no solo pensemos en nuestros deseos, también en las necesidades de todos. No dejemos que las luces nos cieguen.

José David Muñoz Oliva

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