Márchense a tiempo
17 febrero, 2022

Sobrepasa la línea roja de la mala educación, llegando a encauzarse en esa vereda del trastorno que muestra que hay un daño que puede derivar en algo mayor. Es usted un enfermo Sr. Aragonés. La ataraxia es una línea plana en tus sentimientos, todo es un fluir sin sentir. En el trabajo da igual hacerlo bien o mal, nada te afecta. Con todo el respeto a los enfermos, usted Aragonés,  es un sin sangre.

Pere Aragonés - Fotografía diario El País
Pere Aragonés – imagen diario «El País»

Podría afirmarse sin dudarlo que lo del presidente de la comunidad catalana roza el ridículo, la poca vergüenza y el no saber estar ni con los suyos. Dudo que los catalanes independentistas no hayan sufrido con la situación provocada por el Cumbre Vieja en La Palma. Cierto que la cita era institucional, con asistencia del monarca Felipe VI, el presidente Pedro Sánchez y todos los presidentes de las comunidades autónomas más las ciudades de Ceuta y Melilla, pero si algo está claro, es que se ha elegido La Palma y ahí, había que estar. Con La Palma, con los palmeros. Con la gente. Y rizando el rizo, con las instituciones que te permiten estar dónde y cómo estás… Aragonés.

Puede que, por simpatía, su apellido le lleve a ser tozudo y seguir erre que erre en sus treces de romper con todo y contra todo, pero está claro que en el mismo momento de ver que faltaba uno de los diecisiete, tenían que haberlo dejado fuera de decisiones y acciones. Es como el niño que no acompaña en la cena, no entra en razones y va por libre en el núcleo familiar. Peloteras, las mínimas. Pataleos, ejercicio del mando en plaza. Cuerda al límite, se vuelca el pañuelo para donde tiran dieciséis más las dos ciudades autónomas frente al solitario, prepotente y maleducado ausente.

Aragonés ha querido dar una vuelta más de tuerca – como si a él ni a los de su cuerda les pudiera alcanzar ningún desastre natural – ha dado la espalda a La Palma y los palmeros. No Aragonés no. Que la UME no ha hecho diferencias durante la pandemia, ni durante inundaciones… se os ha echado una mano siempre. Una mano salvadora a pesar de que en más de una ocasión os la hubieseis merecido al cuello. No se puede ser tan prepotente, tan maleducado ni tan grosero Aragonés. En La Palma hay unos ciudadanos de diez que han vivido una de las más espeluznantes y desmesuradas desgracias porque la naturaleza los ha elegido. Sus vidas se han visto inundadas de desgracia, dolor y pérdidas. Aterradora situación que ha destrozado la vida de miles de personas. Sus familias, sus trabajos, sus casas, sus recuerdos, sus momentos, sus mascotas, sus vivencias… sus ideas. A buen seguro que hasta sus idearios se han reposicionado Aragonés, ojalá no te veas en una de esas. En pañales le ha dejado hasta el presidente vasco. Iñigo Urkullo ha estado. Después decidió no departir con el monarca ni presidentes en la cena pero a La Palma, ha ido.

En La Palma muchos palmeros lo han perdido todo – fotografía El Plural

Todo. Lo han perdido todo y han sido pacientes, caballerosos, atentos y fuertes. Con ese talante canario. Con su espíritu de supervivencia. Con su saber estar. Han recibido en los momentos más traumáticos a políticos, prensa y curiosos. Con todos han tenido sus mejores formas.

A todos les han mostrado su mejor sonrisa mientras se eternizaba la llegada de ayudas, la concreción de viviendas y la reubicación de cada uno de los miles de personas que han sufrido la erupción del Cumbre Vieja durante ochenta y cinco y ocho horas, expulsando lava, gases… sembrando tragedia y cuando han sido anfitriones vas tu Aragonés y les vuelves la cara. Te has equivocado president. Como dice en tu título político -al que le falta una letra- te has comido la “E” de educación, elegancia, empático y envidioso. Si envidio de ser como los grandes. Envidia de una monarquía parlamentaria que te ha permitido ser president, sin acabar, como tu cargo. Otro Molt Honorable que deja patente que el hábito no hace al monje y que de una vez por todas la ley va a tener que permitir retirar el tratamiento a gente tan corriente como usted, Sr. Aragonés.

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